Palabras del Presidente del CONEP Rafael Blanco Canto en GRAN GALA

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Palabras del Presidente del CONEP Rafael Blanco Canto en GRAN GALA

Sr. Rafael Blanco Canto

Señores Miembros de la Mesa de Honor, Representantes de los Poderes Públicos, Empresarios, Amigos de los Medios de Comunicación, Señoras y Señores, Amigos todos.
En nombre del Consejo Nacional de la Empresa Privada, me permito agradecer la presencia de cada uno de ustedes y expresar mi satisfacción y orgullo por la celebración de esta 4ta versión de la Gran Gala del CONEP. Este año nuestro evento cobra especial significado dado que celebra, por primera vez, el Día Nacional de Empresa Privada y el Empresariado Nacional.
Es por esto que, en nombre de todo el empresariado dominicano, deseo extender nuestro más sincero agradecimiento al Excelentísimo señor Presidente de la República, Lic. Danilo Medina por reconocer la importancia de este día y emitir el Decreto No. 146-15, dándole relevancia nacional a este 31 de mayo que a partir de ahora, no es sólo la fecha de aniversario de la fundación del CONEP, sino que se convierte en el día para reconocer los logros y aportes de todos los dominicanos que a lo largo y ancho país deciden iniciar una empresa, pequeña, mediana o grande. De todo aquel que hace uso de su libertad personal y deseo de superación, e invierte su capital o el de otros para hacer prosperar una idea o un sueño, generando empleo, bienestar y progreso.
Es precisamente por esa razón que he querido compartir con ustedes lo que a mi juicio significa ser empresario, un concepto manoseado de manera constante en conversaciones públicas o privadas, en los medios de comunicación o centros de enseñanza o en los más coloquiales encuentros, pero cuyo significado integral es en la mayoría de los casos poco entendido y en algunos definitivamente distorsionado.
Entonces ¿Qué es un empresario?
Para muchos es sinónimo de una persona con mucho dinero, que proviene de una familia que por varias generaciones ha sido reconocida por la sociedad, que tiene cientos o miles de empleados y cuyas marcas son líderes en todo el país y en algunos casos en el exterior.  Y esto en la mayoría de los casos no es así exactamente. Lo descrito es sólo una parte de una historia que involucra a miles de personas que forman parte del empresariado.
Para entender lo que es un empresario en el sentido integral del término lo primero que debemos entender es como inicia y se desarrolla algo que merece ser explicado y que me permito denominar “el ciclo del valor”.
 
Veamos:
Todo comienza con la idea y el deseo de elaborar, fabricar o mercadear un bien o servicio, ya sea que exista o que resulte de la innovación de ese emprendedor. Así es como surge un emprendimiento, el cual se materializa cuando se determina el capital que se necesita, dónde conseguirlo, y se aprende cómo se conforma una empresa y cuáles son los riesgos que se corren. Así se forma una empresa y se inicia la creación de empleos. De esta manera con el tiempo, si la idea y el modelo de negocios son exitosos, la empresa crece, al igual que su cantidad de empleados, ingresos y aportes a las rentas nacionales, contribuyendo de esta forma con el desarrollo de la comunidad y el país. Con el paso del tiempo y la inversión de muchas horas de esfuerzo, inteligencia, audacia y trabajo se logra el surgimiento de una empresa líder. Pero una empresa no siempre prospera y hay que volver a empezar, y ese es el espíritu emprendedor, la chispa que guía aquellos que saben que el verdadero éxito es el resultado de una voluntad firme, la fortaleza de espíritu y el trabajo arduo, sin temor a caer, pues saben que lo importante es levantarse. A esos ciudadanos, hombres y mujeres de todo tipo, llamamos empresarios. Ciudadanos que se empoderan de su derecho a la libre empresa y creen en aportar a la sociedad en la que viven, a través de la creación de riquezas.
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