Discurso de Pedro Brache en el Almuerzo AMCHAMDR Santiago

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Discurso de Pedro Brache en el Almuerzo AMCHAMDR Santiago

Pedro Brache, presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada CONEP

En mi nombre y en representación del Consejo Nacional de la Empresa Privada, agradezco profundamente la invitación de la Cámara Americana de Comercio a su tradicional almuerzo de negocios en Santiago, una de las principales provincias y arterias económicas de nuestro país.
Santiago es una zona bendecida por Dios, porque que cuenta con riquezas naturales y una biodiversidad que podrían anhelar muchísimos países del mundo. Pero lo que complementa toda esta riqueza es su capital humano, pues Santiago y el Cibao han sido cuna de grandes persnalidades. Hombres y mujeres que han marcado parte de la Historia del país y han catapultado su desarrollo de forma decidida y contundente.
Por eso, considero que éste es un escenario ideal, y me siento altamente honrado de estar aquí para compartir con ustedes algunas reflexiones.
Concentraré mis palabras en los aportes del sector empresarial al desarrollo nacional y los retos y oportunidades que tenemos, en el contexto de las perspectivas económicas en la República Dominicana y en tiempos de cambios globales.
Estamos en un momento muy particular, debido al proceso de transformación en los paradigmas económicos, geo-políticos, culturales y sociales. Vivimos muestras de esto por todos lados. Ya vimos como en España en tan solo días, hubo un cambio de Presidente y del gabinete completo de Gobierno. Un hecho increíblemente opacado por la destitución del entrenador de la selección nacional de fútbol. Lo que  llama a la reflexión sobre como las poblaciones empiezan a perder interés en los temas políticos, cuando estos bordean la exageración en su cuota de la agenda nacional.
También, se están dando cambios de suma relevancia, como son las nuevas formas frente al tradicional modelo productivo y a los cambios en los Gobiernos, sobre todo, en las políticas internacionales, que inciden directamente en todas las economías y en las relaciones comerciales entre éstas.
En los últimos años, la economía global ha oscilado entre períodos de aceleración y des-aceleración. En el escenario alcista, las cuatro economías más grandes del mundo como son Estados Unidos, China, la Eurozona y Japón, están implementando reformas estructurales que buscan fomentar un crecimiento potencial y abordar las vulnerabilidades financieras.
En otro orden, vemos cómo se van desatando guerras comerciales y de divisas, en la medida en que los países más grandes buscan proteger sus industrias y comienzan a aplicar amplias medidas proteccionistas. Estas medidas no solo abarcan asuntos comerciales sino que han alcanzado de manera contundente y, sin estar libre de controversia, temas migratorios. Mientras todo esto ocurre, la economía digital avanza a pasos agigantados.
En la próxima década, se estima que esta nueva economía alcanzará la increíble suma de 19 trillones de dólares. Un número que se dice fácil aunque para ponerlo en contexto, es más grande que las economías de Centroamérica y el Caribe combinadas. Queda claro que esta acelerada tendencia afectará todo lo que hacemos de manera dramática y medular.
Para darles un ejemplo de cómo afectará a la Academia, de los niños que ingresan hoy a la escuela primaria, se estima que el 65% trabajará en profesiones que aún no existen. Lo cual, en la actualidad, genera un reto para los empleados y empleadores y sugiere que sólo conservaran sus empleos, aquellos que adecuen sus conocimientos a la velocidad de estos tiempos y a las profesiones que demandará el nuevo modelo económico global.
 
Pero hay buenas noticias! Desde sus inicios, la humanidad ha demostrado una gran capacidad para evolucionar y adaptarse, como también ha demostrado la capacidad de ser optimista y superarse aún en los tiempos más difíciles.
Estoy convencido que el optimismo es la principal clave del éxito. Es necesario que ejerzamos un optimismo práctico, que examine detenidamente todo lo que sucede alrededor y nos deje saber que podemos hacerlo mejor, que debemos hacerlo mejor.
Dejemos de lado el pesimismo, sobre todo ese pesimismo inducido por las opiniones o análisis, muchas veces descontextualizados. Nadie que ha tenido grandes logros lo ha hecho siendo pesimista. El ser optimista nos abre la mente y nos permite ver muchas oportunidades, mientras que el pesimismo la cierra y no nos permite ver más allá de nuestras limitaciones.
Y no es que no tengamos grandes retos. La mayoría de los que estamos aquí, sabemos cuáles son. Pero si existen retos entonces existen oportunidades. Les hablaré de los que considero son los más importantes a enfrentar en el corto y mediano plazo.
El Pacto Eléctrico: En cuanto a este Pacto ya hemos mencionado que el sector empresarial ha cumplido con su rol, como miembro del Consejo Económico Social, para ayudar a consensuar el mismo. El resultado ha sido más que discutido, y aunque éste no es perfecto, si recomienda medidas que transformarían la columna vertebral del sector eléctrico de forma efectiva y en favor de todos los dominicanos. Ahora necesitamos que la clase política y el Estado pongan una fecha para su firma y se implementen los protocolos contenidos en éste.
Los Pactos no son un manifiesto mágico, pero tampoco son innecesarios como algunos me han comentado. Los pactos son contratos sociales, y particularmente yo los veo como una expresión consensuada sobre temas que deben solucionarse. Los pactos delimitan las líneas de la cancha para saber dónde y cómo es que se debe jugar, a la vez que son una expresión del compromiso que asume cada parte, por el cual tiene que responder.
Ley de Partidos y Ley de Régimen Electoral: En relación a estas leyes tan fundamentales, de nuevo hacemos el llamado a la clase política para que unan voluntades y  superen cualquier tipo de impase para aprobar estas leyes. Desde el empresariado y la sociedad en general, esperamos que se aprueben lo más pronto posible para tener un nuevo marco legal robusto y poder llegar a las elecciones del 2020 con el mismo ya implementado. Desde el Conep hemos hecho sugerencias a estas leyes sobre temas que van más allá que el sistema de primarias.
El Código Laboral: Tenemos un Código Laboral que no se ha revisado en más de veinte años, y mientras países que compiten con nosotros han evolucionado en materia laboral, nosotros necesitamos dar el salto a un Código más flexible e incluyente, que permita afrontar muchas situaciones actuales. Una de estas es facilitar la inclusión al mercado laboral de jóvenes que buscan empleo por primera vez. En tal sentido, estamos trabajando arduamente en las conversaciones tripartitas en el Ministerio de Trabajo, para llegar a un acuerdo final sobre el Código.
Volvemos a reiterar que la modificación al Código no toca en absoluto los derechos adquiridos por los trabajadores. 
La formalidad: En lo relativo a la informalidad, pienso que el sistema tributario del país es altamente complejo, en especial para las pequeñas empresas. Como resultado de este fenómeno muchas se quedan en la informalidad por el manejo que conlleva y los altos costos que impone el adaptarse a nuestro sistema de tributación. Desmontar esta complejidad es un paso esencial para conseguir altas tasas de formalidad. Es importante señalar que entre el 2012 y el 2017, los empleos informales alcanzaron un promedio anual de 1.7 millones de personas, sobrepasando la formalidad que alcanzó un promedio de 1.6 millones.
El país debería dar los pasos para implementar un sistema tributario simple, para que las empresas de menor tamaño y con menos recursos puedan formalizarse sin que les implique costos tan altos, que no les permiten operar de manera normal o los saque del mercado.
Formalizar todos los sectores de la economía es un paso esencial para la sostenibilidad de programas tan esenciales para el país como la Seguridad Social, además de que amplía de manera equitativa nuestra base impositiva.
Corrupción: La corrupción y los costos que ésta impone son un fenómeno mundial, pues ha adquirido un dimensionamiento muy especial, penetrando muchos de los sectores de la sociedad en un amplio número de países.
Como país hay que entender que la corrupción es un mal que hay que atacar. Todas las instituciones responsables de hacer cumplir la Ley y de administrar la Justicia deben desempeñar, sin descanso, su papel de someter y condenar a todo el que haya cometido actos de corrupción. Esperamos que los procesos que están cursando por el Ministerio Público y por el Poder Judicial, sean llevados hasta las últimas consecuencias. La clase política y la Justica deben darse cuenta que tanto la sociedad está muy atenta a los actos de corrupción y sus sanciones, así como lo está la comunidad internacional, por lo cual sus conductas deben ser irreprochables. El país ha cambiado y no acepta la impunidad.
Institucionalidad: Para contar con un país estable y con bajos niveles de corrupción, debemos luchar para que en las instituciones haya cada vez menos discrecionalidad, porque reduce la institucionalidad, que sin lugar a dudas es un reto constante para el crecimiento y prosperidad de nuestro país. Mucho se habla de institucionalidad, pero ésta no es más que mantener la separación de los poderes del Estado y tener altos niveles de transparencia en la administración pública, además del  respeto al Estado de Derecho como garante de estabilidad y seguridad jurídica. Es importantedestacar que es necesario continuar creando las plataformas para un proceso sistemático de control y de estructuras que favorezcan a las gestiones transparentes. 
Deuda social: La deuda social acumulada, la exclusión social y los niveles de pobreza conforman un reto que debemos seguir atendiendo. El Estado tiene que luchar por ser cada vez más eficiente en el uso de los recursos, así como en continuar fomentando una mejor educación y oportunidades de trabajo para todos. Generar empleos de calidad y tener una seguridad social efectiva y estable forman parte de este reto.
Alineado a estas necesidades, nos encontramos con el desafío de la seguridad ciudadana, la cual no es sólo un tema de seguridad policial ni se trata exclusivamente de la reducción de los delitos, sino que debe ser un sistema basado en estrategias que incrementen el uso de la tecnología con el fin de optimizar la calidad de vida de la población, conjuntamente con un sistema de Justicia que castigue la delincuencia, la criminalidad, la violencia y otras faltas para garantizar que el orden público no se vea alterado.
Desarrollo de la clase media: Como país todos los enfoques hacia la pobreza han sido determinados por organismos internacionales, quienes siempre promueven indicadores de cómo elevar el nivel de vida de aquellos que viven por debajo de la línea de pobreza extrema. De hecho nuestro país ha logrado sacar un gran número de ciudadanos de este nivel de estratificación social. En mi opinión no es suficiente el objetivo de eliminar la pobreza extrema. Pienso que el principal reto es el de generar y fomentar una clase media fuerte, combinada con una visión a largo plazo que facilite el desarrollo constante de ésta. Pues este segmento es el que da mayor estabilidad a las economías de los países porque normalmente es la clase que más genera y consume.
Explosión Demográfica: En un estudio realizado por la empresa John Deere, se determinó que para los próximos 30 años la población de Latinoamérica crecerá un 30% y por ende también lo haría el consumo de alimentos. Para República Dominicana significa que llegaríamos a tener una población de cerca de 15 millones de habitantes, de los cuales se estima que un 70% vivirá en las ciudades. Si lo calculamos en torno a la isla completa significa que pudiéramos llegar a tener unos 30 millones de personas. Esto pudiera traducirse a grandes retos en términos de educación, alimentación, transporte, seguridad, servicios de salud y temas ambientales.
Si bien es cierto que todos significan retos monumentales, en esencia representan enormes oportunidades en términos de producción de alimentos, construcción de viviendas  y una amplia y joven cantera de recursos humanos, que de educarse de manera correcta pudieran catapultar el desarrollo nacional. Debemos empezar a mirar estratégicamente todas estas situaciones, para poder obtener el mayor provecho localmente y en la región completa. A su vez, es importante destacar que para poder alimentar esta creciente población, será necesario apoyarse en la ciencia y en formas innovadoras de producción.
Migración: nos encontramos frente a una gran oleada de migraciones a nivel mundial, las cuales se han constituido probablemente en uno de los mayores retos del Siglo XXI. Este acontecimiento está impactando dos sistemas fundamentales como es la soberanía, representada por el Estado, y la ciudanía, representada por la Nación. Nosotros no estamos ajenos a estas circunstancias. Debido al alto impacto que genera la migración ilegal en términos de presiones a la caja de la Seguridad Social, al desempleo y a situaciones de seguridad nacional, nuestro país tiene el reto de atender sus fronteras. Solo así podremos normalizar la migración y llevar un registro sistemático y adecuado de los extranjeros.
 
Educación: frente al cambio del modelo económico hacia uno digital, el futuro modelo educativo demandará tres grandes habilidades: la resolución de problemas complejos, el pensamiento crítico y la creatividad. De hecho, según estudios, entre las profesiones nuevas o más demandadas se destacarán desarrolladores de software, especialistas de atención al cliente, creadores de contenidos, profesores en línea, analista de la Big Data, ingeniero hospitalario, seguridad de la información, genetista y profesionales de la salud, entre otros.
En el ámbito local, a través del Ministerio de Educación, el Consejo de Educación y el Consejo Económico y Social, se están tomando las decisiones y medidas para dejar implantada la tan necesaria revolución educacional, pero el proceso es largo y tardará por lo menos una generación en lograrse. Lo importante es que sigamos por el camino adecuado y que cumplamos con lo estipulado en el Pacto por la Educación. Conjuntamente, en cuanto a la educación superior y técnica, tenemos el reto de adaptar el modelo educativo a uno con más ciencia y tecnología, que prepare a los niños y jóvenes para estas novedosas carreras y para los mercados que surgirán.
Transporte: conseguir re-estructurar y optimizar el transporte terrestre de carga y de pasajeros es uno de los grandes desafíos del país. Tenemos que procurar por un sistema de transporte, movilidad y seguridad vial que funcione correctamente, a la vez que haya una adecuada regulación de tal sistema. Este es un reto crucial, ya que según el IFC, en la próxima década, Latinoamérica y el Caribe se transformarán en un mercado atractivo para inversiones en infraestructura y transporte urbano. En lo relativo al transporte de exportación, se debe contar con un sistema logístico y actualizado, que nos permita reducir los costos y así poder competir en los mercados globales.
El nuevo modelo económico: para optimizar el desarrollo y garantizar la prosperidad del país, debemos crear las condiciones para exportar aún más y mejor tanto a mercados de la región, que son mercados naturales, como a mercados internacionales, promoviendo que se establezcan procesos más ágiles y automáticos que favorezcan a las empresas y negocios en sus ventas al exterior.
En este contexto, es necesario que re-pensemos nuestro modelo económico y los ejes que lo sostendrán en los próximos años, con una estrategia basada en actividades que generen aún más divisas a la economía, mediante una exportación que promueva una gran variedad de productos dominicanos en diferentes renglones, a la vez que continuar siendo un destino seguro para las inversiones internacionales, e implementar el uso de modernas tecnologías en la productividad de los diferentes sectores.
Relaciones Comerciales: entre las relaciones comerciales de la República Dominicana, por diferentes factores, los Estados Unidos es y seguirá siendo el principal socio comercial de nuestro país. El acuerdo DR-CAFTA seguirá siendo la piedra angular de nuestra relación, y así lo ha expresado el señor Robert Copley, encargado de negocios de la Embajada Americana.
Aunque hay que tener en cuenta que tenemos que manejar de forma adecuada nuestras relaciones comerciales, especialmente las relaciones con países grandes, con el objetivo de que tengamos una interacción comercial balanceada, en las cual exista una relación ganar-ganar.
Emulando la frase que dijera el reconocido empresario Stanley Motta, en el marco del reciente 55 aniversario del CONEP, las relaciones comerciales entre países más pequeños con cualquier país grande hay que atenderlas con mucho cuidado, porque son como bailar con un elefante, mientras uno baila con él todo está muy bien, hasta que el elefante te pisa. Nosotros tenemos que procurar seguir bailando al mismo ritmo y sin pisarnos.
Si miramos atrás, desde donde venimos, yo creo que el país ha progresado bastante. Lo que quiere decir que hemos superado obstáculos, desde pequeños hasta complejos. Por ello, aun cuando seguimos teniendo retos, también contamos con muchas condiciones y actitudes para el éxito en los negocios. La capacidad de afrontar los retos y superarlos es lo que hace grande a una persona, a una empresa, a un sector o a un país. Y nosotros contamos con esa capacidad y así lo hemos demostrado.
Esto se ve cuando analizamos un panorama general de cómo ha venido mejorando la República Dominicana en varios aspectos, en los cuales el sector privado tiene una incidencia directa.
Sobre esto permítanme darles algunos ejemplos. El PIB per cápita del país se triplicó entre 1995 a 2015. Al presente supera el 90% del promedio de la región. De este PIB, en la última década, el sector privado ha representado un 90%.
Si analizamos la trayectoria del sector privado en la economía, muchas compañías, que son icónicas en diferentes sectores, han sido pioneras en dinamizar o crear segmentos completos de la economía, como pueden ser la turística, la agraria, las industrias pesadas, las zonas francas, de servicios financieros, de entretenimiento y energías alternativas, entre otras. Esto es un fiel reflejo de que el empresariado siempre ha estado presente y comprometido con hacer del país uno altamente productivo y competitivo.
Al presente, existen unas 78,600 empresas formales. En su mayoría son micro y pequeñas empresas, mientras que el segmento de grandes y medianas agrupa unas 3,500 empresas, que emplean alrededor de  257 personas cada una. En los últimos cuatro años, el sector privado generó un promedio anual de más de 1.2 millones de empleos formales. Mientras que sólo para el 2017, generamos más de 1.4 millones.
De los ingresos internos del Gobierno, las grandes empresas aportan de manera directa o como agentes de retención el 75% del total de esos ingresos. Además que 85 de cada 100 pesos que se invierte, lo hace el sector privado. Mientras que en los últimos siete años, el crecimiento promedio dado por el consumo final mostró un consumo mayoritario de parte de este sector. Específicamente en el 2017, este consumo fue el 3.8% del PIB, del cual un 80% provino del sector privado.
En paralelo a dinamizar la economía y ser generadores de empleos en toda la cadena de valor de las diversas industrias, aportamos innumerables inversiones y proyectos de sostenibilidad y responsabilidad social en los ámbitos de educación, salud, deporte, medio ambiente y cultura, entre otros, que provee de oportunidades para la sociedad.
Muchas veces pienso que es imprescindible que evaluemos el desempeño de la República Dominicana y el rol del empresariado en su aporte al desarrollo nacional con una mirada global. Así, nos es más fácil distinguir, que nos deparan dos grandes ejes como son la Revolución Digital y el nuevo modelo productivo que se está perfilando a nivel mundial. Debemos pensar estratégicamente como nuestro país puede potencializar las ventajas competitivas que ya tiene y crear nuevas oportunidades.
El Siglo XXI nos ubicó en una transformación en todo sentido, gracias a la tecnología. Esto permitió la globalización del comercio, de la industria y la transnacionalización de los capitales. Las proyecciones de la economía digital manejan unos volúmenes sorprendentes.  En poco más de una década, la Inteligencia Artificial para uso privado y comercial pudiera representar un mercado de US$190 mil millones. Aquellas compañías que ya han implementado estas nuevas tecnologías, están observando que más de un 10% de sus beneficios provienen de la productividad, calidad y un ahorro en el tiempo empleado.
Las formas de trabajo también han cambiado. Estamos frente a una economía del conocimiento y de la  tecnología aplicada, que permiten producir un gran volumen de productos de mucha calidad, para colocar de manera ágil en cualquier parte del mundo. Ya no es la producción tradicional como la conocíamos, sino que es la combinación de la producción masiva con bajos costos unitarios, que aportan valor agregado más allá de su cadena de productividad.
A nivel global, se estima que la renta real crecerá un 84%, lo que significa que más personas tendrán mayor crecimiento económico y por ende impactarán en el consumo masivo, especialmente de alimentos. En tal sentido, se proyecta que en los próximos 30 años la demanda de carne vacuna aumentará alrededor de un 65%, la carne de cerdo en más de un 56% y la carne de ave en un 256% aproximadamente. Esto traerá como consecuencia que se deberá producir más granos como soya y maíz, para suplir ese incremento del consumo.
Las proyecciones indican que Latinoamérica para el 2050 será la cuarta economía más importante del mundo y estará en condiciones de suplir esa demanda agrícola. Si muchos de los países que conforman esta región han logrado posicionarse con sus productos agroindustriales de exportación en el escenario internacional, también nosotros podemos continuar haciéndolo, ya que contamos con ventajas competitivas sumamente interesantes y muy variadas, como por ejemplo:
En cuanto a la ubicación y relaciones comerciales, poseemos una posición geográfica estratégica, ventajas comparativas diferenciadoras y un excelente clima para el cultivo y la producción. Mientras que mantenemos relaciones comerciales con un gran número de países y llegamos a 106 destinos con nuestros productos.
El turismo ha sido y es uno de los principales ejes de la economía nacional. En el 2017 el sector turístico generó US$7,200 millones, aportando 320 mil empleos directos y 900 mil indirectos.  En esta industria existe una gran variedad de escenarios naturales, lo que brinda la oportunidad de promocionar el turismo ecológico, histórico y cultural, en consonancia con las nuevas ofertas y demandas a nivel internacional.
Nuestro país es líder en la región en zonas francas, renglón en el que hemos logrado una gran transformación en los últimos años, asimilando tecnología y diversificando su producción. Contamos con 72 parques industriales en los que se albergan más de 650 empresas, aportando unos 160 mil empleos.
Hemos dejado de ser una economía exportadora de productos primarios para convertirnos en una muy variada. Para el 2017, las exportaciones generaron la cifra récord de US$10,000 millones, representando alrededor del 14% del PIB.
La industria del tabaco sigue siendo parte central de las ventas al exterior. El país es el exportador número uno, con más de la mitad del mercado mundial y más de una cuarta parte del europeo. Esta industria genera ingresos por más de US$700 millones en exportaciones. A la vez, somos un importante exportador de cacao a Europa. A nivel mundial, el 40% de esta producción es considerada como fina o de aroma. En la exportación de cacao orgánico, ocupamos el primer lugar a nivel mundial.
En el renglón de este tipo de productos, también nos destacamos como el mayor productor del mundo en banano orgánico con alrededor del 60% de la producción global. Y en cuanto a la exportación de mangos existe la potencial capacidad técnica, de recursos humanos y condiciones climáticas para aumentar la exportación de este producto.
En relación a la exportación quiero puntualizar el ejemplo de Colombia, un país que produce el 12% del café a nivel mundial y es el tercer mayor exportador.  En el mundo del café, personaje más famoso que Juan Valdez aparentemente no existe. El hombre con bigotes, sombrero, poncho y su inseparable mula, ha sido el principal encargado de promocionar el café 100% colombiano. Esta figura que hoy sigue siendo tan popular nació en 1959, como una estrategia publicitaria. También, en los últimos tiempos, he notado que Nicaragua ha estado mercadeando agresivamente la procedencia de su tabaco.
Esto me lleva a reflexionar dos cuestiones. Una es que en términos de agricultura debemos crear un modelo agro-exportador, que promueva un grupo determinado de productos agrícolas como los productos estrellas de República Dominicana hacia el mundo. Otra cuestión es que muchas veces nos falta contar la historia que existe detrás de nuestros productos de exportación, catalogados como unos de excelsa calidad. Contemos la historia que existe detrás de la cadena de valor, su impacto y qué valor agregado aportan. Como país veo que nos falta más mercadeo tanto por rubro como a nivel de marca país. En relación a esto último, el CONEP viene trabajando conjuntamente con el CEI-RD en el fidecomiso Marca País.
Tenemos todo el potencial para seguir creciendo, y para ello deberemos continuar transformando el escenario económico, con una visión y un sistema que permita trazar, ejecutar y cumplir los objetivos pautados en el tiempo. Para ello, una vez más hago un llamado a ver los retos con optimismo. Seamos persistentes en buscar y pedir que éstos se resuelvan, pero sobre todo a aportar y sugerir soluciones, más que llenarnos de críticas que no contribuyen en nada sobre cómo superarlos.
El interés que debe primar todo el tiempo es el interés nacional. En países como el nuestro, muchas veces las discusiones de temas importantes tienden a contaminarse con intereses que no necesariamente ayudan al desarrollo del país y a su bienestar, y muchas veces nos hace desviar la atención de los temas que son verdaderamente importante.
La cualidad más grande que podemos cosechar es la de anteponer los intereses del país por sobre los nuestros. Debemos trabajar unidos hacia el objetivo común de crear un mejor país. Un país con la capacidad de superar los retos que afronte. Como bien lo dice el viejo proverbio: «caminando solo llegamos más rápido, pero caminando juntos llegaremos más lejos».
Si nosotros, que estamos en posiciones de liderazgo en el empresariado no ejercemos ese rol con optimismo entonces que les queda a los más jóvenes. Contagiemos el optimismo entre nosotros y en beneficio de la sociedad. Contagiemos estas ganas de ir por más, ya que somos parte clave del desarrollo nacional y, por ende, llevamos la responsabilidad de impulsar y desarrollar nuestro crecimiento. Seamos un referente de inspiración para que juntos aunemos más esfuerzos.
Un líder con optimismo es una persona a la que estamos dispuestos a seguir a un lugar donde normalmente no iríamos solos. Nosotros como líderes tenemos que seguir construyendo el país que queremos y entusiasmar a que todos nos subamos al mismo barco, que navegue las aguas del progreso. Si lo pensamos es un sueño, si lo decimos es viable aunque si lo programamos, será real.
Apostemos a una República Dominicana que nos haga sentir inmensamente orgullosos de ser dominicanos y de ser parte de una generación que nos lleve hacia nuevos horizontes. Trabajemos con empeño, esperanza y fe, pensando que siempre podemos tener un país superior al que hemos creado y que pueda ser reconocido como uno que le ha contado su historia de superación y crecimiento al mundo, pero más que nada a las futuras generaciones para que sigan transformando a nuestro país en uno mejor para todos.
 
Muchas gracias.